Un proyecto escolar impulsa y «pone cara» a comerciantes locales de Zaragoza | Innovación Aragón
El colegio Calasancio Escolapios de la capital aragonesa prepara un directorio web con los comercios de su entorno para que las familias conozcan las... Un proyecto escolar impulsa y «pone cara» a comerciantes locales de Zaragoza

El colegio Calasancio Escolapios de la capital aragonesa prepara un directorio web con los comercios de su entorno para que las familias conozcan las tiendas y los niños valoren a los negocios de proximidad.

‘Un barrio en marcha’. Ese es el nombre de la página web donde próximamente se encontrará la vida comercial del entorno de las calles de Sevilla, Anselmo Gascón de Gotor, Porvenir y la carrera del Sábado de Zaragoza, un enclave en el que ha habido varias altas en los últimos meses.

Zapaterías, tiendas de ropa, comercios de segunda mano, de fontanería, talleres, ultramarinos, peluquerías, tiendas de enmarcaciones, obradores de panadería, ferreterías, peluquerías canina, ópticas o clínicas forman parte del amplio abanico de negocios que se despliegan en esas calles, vías que dan forma a la manzana donde se emplaza el colegio Calasancio Escolapios.

Este centro educativo, con casi ochenta años de trayectoria, es el artífice de ese repositorio digital. «Hemos puesto en marcha este proyecto de aprendizaje servicio, que tiene contenido curricular para aprender. Por ejemplo, se trabaja la ciudadanía o la lengua, pero lo van ha hacer de estar forma. Además, el trabajo que se genera mejora el barrio», explica Natxo Torrijos, coordinador pedagógico del Calasancio Escolapios.

«Desde las tiendas nos han mandado una descripción técnica, los alumnos más pequeños harán dibujos sobre cómo se lo imaginan y los de Secundaria entrevistan a los comerciantes para ponerle cara a quién está detrás del mostrador -detalla Torrijos-. Una de las cosas que diferencian al comercio de cercanía es eso, que les ponemos cara».

Inés y Clara dejan los libros en el pupitre y salen del aula para encontrar las historias que se esconden detrás de los mostradores de las tiendas que rodean a su colegio. «¿Qué es lo que más te gusta del barrio?», le preguntan a María Jesús Blanco, de Lasca Negra. «Lo que más me gusta del barrio es el barrio en sí, la gente del barrio», confiesa Blanco, al frente de este comercio de la calle de Gascón de Gotor especializado en trufa. María Jesús es una clara defensora de las tiendas pequeñas y asegura que compra en sus vecinos. «Ese era también uno de los propósitos -dice Torrijos-, crear un entramado que una a todos».

Lasca Negra ha sido la primera parada de Inés y Clara, pero los alumnos del Calasancio tienen por delante casi 50 comercios que ya han aceptado la proposición del centro educativo. «La idea es que con el tiempo se pueda ampliar a las calles de Juan Pablo Bonet y el paseo Sagasta», anuncian desde el colegio. «Todo el mundo está muy contento, tienen muchas ganas de colaborar», celebran desde el centro y lo confirman las reacciones de los comerciantes. «Me parece una buena idea, yo estoy encantada», cuenta Blanco, de Lasca Negra. Juan Antonio Naranjo, del bar Naranjo -emblema de la calle con 55 años de trayectoria-, considera que iniciativas como esta son «maravillosas». «Es una opción de que nos hagan más visibles a los comercios», añade Susana Galán, de Suna&Mía, quien aplaude todas las colaboraciones que les brindan desde el colegio, como decorar su tienda de moda infantil con dibujos de los alumnos.

“Teníamos la sensación de que en el barrio no se notaba que había colegio. A veces, los colegios nos hemos mirado hacia dentro y al fin al cabo se tiene que notar que somos un generador de cambio”, sostienen desde el Calasancio.

Este gesto ha nacido en plena crisis sanitaria y económica, pero sus acciones que defienden al comercio vecino son continuas. «Al hilo de la pandemia vimos que lo iban a pasar mal. De hecho, durante el confinamiento empezamos a trabajar juntos: los niños hicieron carteles que promocionaban los comercios. Las familias nos las mandaban por correo electrónico, un profesor venía al colegio para imprimirlo y lo entregaba en las tiendas, así estuvieron en los escaparates», recuerda el coordinador pedagógico. Hace un tiempo también pusieron en marcha un juego que simulaba que el barrio era un cuerpo humano y ejemplificaba que cada comercio era un órgano, vital para el funcionamiento general.

«Las familias también muy contentas porque ven que lo que sus hijos están aprendiendo tiene una aplicación directa, se trabaja la ciudadanía y la ciudadanía activa. Hay que recordar que los niños son el futuro, pero también el presente, así que tienen que empezar a cambiar las cosas desde ya», concluyen desde el centro.

FUENTE: HERALDO DE ARAGÓN

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